El Bostero

 

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Le pregunto a un amigo – ¿Como salieron?

Me responde tímido – No lo vi. Ayer labure todo el día.

–¡Un domingo! ¿En serio?

Y con una cara de yo no fui, lleva el dialogo a un a un punto muerto. La charla se apaga y un silencio sepulcral se presenta. No es necesario ser perito judicial para saber que “boquita” perdió y que mi amigo fue testigo clave de la derrota. Sus ojos lo dicen, pero con gran genialidad se desprende de cualquier fracaso.

“El bostero” como se hacen llamar, no es clasificado como un hincha de futbol cualquiera, es una consecuencia del futbol.  El futbol no solo se hace de una pelota, once jugadores, dos arcos y una hinchada que alienta a su equipo, necesita de un motor oculto que funciona con hechos que no representan en absoluto a la esencia del futbol, como son las estadísticas.

Números que son manipulados por personajes pintorescos como lo son los Licenciados en Opiniones Generales, sabios pensadores con un amplio manejo de todos los temas y dudas existenciales habidos y por haber. “El bostero” tiene su base racional en esta corriente de pensamiento, pero su estilo y sus vivencias superan la barrera de la lógica.

Decimos que no son hinchas de futbol, porque el hincha de futbol llora futbol. Los resultados son como un metrónomo de la vida. Una victoria de su equipo los vuelven ángeles defensores del positivismos y una derrota lo transforman en moustros escépticos de la vida en el mundo, incluso de su vida misma.

“El bostero” no, ellos no son manipulados por la realidad y por el exitismo. Su juicio gira en la anulación de los hechos negativos. Las derrotas, los fracasos, los hechos históricos sombríos, son mágicamente eliminados de la mente. Quedan intactas las victorias pasadas, los goles más admirables, los partidos ganados sobre la hora son inamovibles. Esta habilidad le permite llegar a un nivel de felicidad nunca alcanzado por ningún ser humano.

Sin duda se pone en presencia nuevamente la hipótesis de que la ignorancia es felicidad. Pero en este caso no es una ignorancia pasiva, si no que es activa. Esta habilidad de seleccionar solo las victorias y no las derrotas rompe un equilibrio que permite obtener un arma de fastidio masiva.

No importa la capacidad intelectual sea inferior, no poseer un trabajo estable, físicamente estar desmejorado, tener una pareja que le es infiel desde el noviazgo, ser uno de los peores jugadores de futbol del planeta y demostrarlo diariamente, siempre va a ver un motivo para fastidiar , con frases como:

-¡Qué grande Boquita!- Después de haber ganado 1 a 0 con un gol de penal mal cobrado.

-Somos el pueblo- Luego de que ocurrieron destrozos en el obelisco dejando un saldo de más de 1000 comerciantes en números rojos.

-¿Lo viste a Román?-  En el momento que tira un pase gol a los 93´ del segundo tiempo, con el equipo rival con 3 jugadores menos.

Sin duda que “el bostero” se hereda, un linaje que viene de un tiempo lejano donde el abuelo borro el ascenso decretado, en el presente el padre cuenta la epopeya del hombre que pateo un penal con las dos piernas mientras miles de demonios caídos del cielo le tapaban los ojos y en un futuro los hijos en el colegio van a responder a la pregunta,– ¿quién cruzo los Andes? con un fuerte ¡San Martin Palermo, profesora!

“El bostero” crea un mundo paralelo, con dioses, religiones, próceres que reflejan las victorias eternas una y otra vez. Los Takaharas, Bracamontes, Pampas Sosas son desterrados al infierno a vivir en el olvido y aquel que ose recordarlo no será digno de ser un “Bostero”.

La felicidad eterna del bostero es perturbada por un enfrentamiento que tiene su origen desde el nacimiento de esta concepción. Los anti-boca, otra consecuencia del futbol, pero esto lo analizaremos en otro momento.

Mientras tanto voy a esperar al otro partido para preguntarle a mi amigo Bostero.

– ¿Como salieron?.

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